
El concepto de hipertexto fue acuñado por Theodore Nelson en los años sesenta, para referirse a un tipo de texto electrónico (digital), que define como una escritura no secuencial, un texto que se bifurca, que permite que el lector elija y que se lee mejor en una pantalla interactiva. Consiste en una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario.
Landow señala que en el origen del hipertexto pueden hallarse dos vertientes:
La tecnológica:La primera de las vertientes que dieron origen a la posibilidad del hipertexto se reconoce en los ingenieros que procuraban crear dispositivos que combinaran tecnologías con el fin de poner a disposición de investigadores, ejecutivos, etc., un gran volumen de información que fuera inmediatamente accesible y que permitiera establecer casi infinitas asociaciones y conexiones entre datos. Pueden mencionarse entre ellos a Vannebar Bush, Theodore Nelson y Douglas Engelbart.
La crítica: proveniente de la teoría crítica, la lingüística, y las corrientes postestructuralistas, concibe modos ideales de textualidad que traspasen los límites físicos de una página o de un libro, que no se sujeten a la secuencia lineal que impone la escritura ni a la tiranía de la voz única del autor.
Autores como Barthes, Foucault, Derrida, Deleuze, proponen un nuevo tipo de texto más flexible, descentrado, democrático, un texto en permanente referencia a otros textos, un texto que se construye a medida que se lee.
Experiencias literarias de tipo intertextual existen desde hace mucho, podemos citar como ejemplos a la Biblia o la novela Rayuela de Julio Cortázar. En el ámbito científico o académico, en general, todo texto hace referencia a otros textos, mediante citas o notas a pie de página, por ejemplo. El hipertexto veía limitadas sus posibilidades por el soporte material del texto. El entorno digitalizado de Internet liberó el texto de los límites del papel y el libro.
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